Todas mis noches
se acompasan
a un silencio
que es como una patada
violenta
directa al pecho,
que me deja mudo
y ciego
y sordo
y solo con ese maldito silencio.
Abatido
hecho los huesos al suelo
pero ya no sueño
ni con nada
ni con nadie.
Huyo
entonces
a esconderme al rincón
al que siempre voy a vomitar
y mi alma enrabietada
me dice basta ya
pero por más que quiera
la lucidez no me abandona
como un castigo
y mientras tanto
amanece
que no es poco.
Espero que el poema no sea autobiográfico. Y si lo fuera, y en el caso de que la situación te hiera, ten muy presente que todo en esta vida es circular. Pasará y volverán los sueños, y los sonidos, y ese rincón se convertirá en una delicia.
ResponderEliminarAlguna noche puede que haya, pero no es autobiográfico.
ResponderEliminar