Tendría que haberte dicho lo guapa que estabas,
que tus tacones de color rojo eran el principio de mi abismo.
Tendría que haberte invitado a cenar,
contarte las mentiras para que te creas lo que no soy
y averiguar todo aquello que callas.
Tendría que haberte acompañado de vuelta a casa
acortando la distancia,
y liarme en el vuelo de tu falda.
Tendría que haber vencido mi aburrimiento por un juego repetido.
Tendría que haber acudido a la cita.
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